Y, ¿ahora, qué?

Sean cuales sean las circunstancias ―trabajo más que nunca, ya no trabajo, tengo un buen pasar económico, estoy a dos velas, somos diez en casa, vivo solo como pez en el agua— la pregunta es igual para todos.

Hay quien se atornilla al sofá a dieta de televisión, se le cambia el sueño porque amasa las horas nocturnas con series, tertulias políticas o de cotilleo —que a veces llega a no distinguir— películas de acción, películas eróticas y muchos anuncios.

Tal vez su mente esté acostumbrada a situar lo bueno en el futuro y crea que cuando termine de ver todo lo que le ofrecen le quedará tiempo para vivir. Entonces hará ejercicio, entonces viajará…: entonces lo más probable es que se encuentre con un cuerpo más perezoso, con más achaques y una sensación mayor de desorientación y soledad.

Los hay que se dedican a la bolsa: la bolsa del pan, la bolsa de la fruta, la bolsa con las cosas del nieto, la bolsa de los periódicos gratuitos… Se convierten de la noche a la mañana en los recaderos de la familia. Y esto da satisfacción hasta que uno se siente atrapado por la obligación que le cae y no la que decide.

Pues sepa que usted es el héroe de su propia vida. Puede que piense que el guión se lo han dado escrito, que sus circunstancias no se pueden modificar. Que esto es lo que toca hacer ahora… Aunque fuera así —no lo es en todos los casos— lo que siempre puede elegir es su respuesta. ¿Protagonista o actor de reparto de los que están en función y para lucimiento de los demás?

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