Hasta cuatrocientos minutos al día

¿Dedicaría más de seis horas diarias a hacer algo no por obligación, no por ganarse la vida ni por facilitársela a otro? Pues lo hacemos. El 45 por ciento de los consumidores de televisión son mujeres mayores de 55 años. El 30 por ciento tienen más de 65.

Teniendo en cuenta que hasta mediados de los sesenta no llegó la cobertura a prácticamente todos los pueblos de España, pongamos que un sesentañero ha disfrutado de televisión más de cuarenta y cinco años. Vamos a no exagerar y a concretar en dos horas por día el tiempo que ha dedicado a verla durante estos años. ¿Quiere saber el resultado? Alrededor de tres años y nueve meses, con sus días y sus noches se ha pasado frente a ese electrodoméstico, en torno al cual gira la decoración del salón ––en la distribución de los muebles se ve que la pantalla es el objeto más importante e incluso sagrado de la habitación–– la vida de la familia y hasta los horarios de la casa; que ha conseguido cambiar nuestras costumbres a la hora de comer ––cualquier cosa en el tresillo porque empieza el programa––; de ocio o de relaciones. Antes de la televisión la conversación con amigos y vecinos era cotidiana, lo mismo que participar en alguna actividad colectiva.

¿Qué es lo que atrapa a buena parte de los mayores de 60 años ––especialmente a mujeres–– frente a la televisión? Hay quien opina que la luz directa parpadeante de los rayos catódicos incidiendo sobre nuestras retinas produce un efecto hipnótico. También  induce al sueño.

Según las encuestas, la tele es el entretenimiento preferido de los mayores, pero nos vuelve pasivos; nos da compañía ––puesto que esas mismas encuestas dicen que el principal de sus problemas es la soledad junto con los reducidos ingresos–– pero nos vuelve más solitarios, además de incapaces de elaborar procesos mentales conscientes. Por tanto sería más un instrumento dirigido al lavado de cerebro que al aprendizaje.

Sin contar con que nos venden de todo con el mayor descaro. No es que los programas sean interrumpidos por la publicidad; es que los anuncios nos dan un respiro de cuando en cuando para ofrecernos algo de nuestro interés en forma de películas, deportes, informativos o tertulias de cotilleo, las cuales muchas veces contienen más publicidad, haciéndonos saber que debemos estarles agradecidos porque nos financian el entretenimiento.

Muchas casas de jubilados están llenas de artículos adquiridos en la teletienda durante las noches de insomnio.

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