No olvidar nunca de donde se viene

Acaba de cumplir 60 años y tiene un trabajo que le gusta y ha ganado a pulso. C. Brieva, una luchadora vital y emprendedora, vive en Londres desde hace más de treinta años.

—Hasta que llegue la jubilación continuaré trabajando y viviendo en Londres y, cuando llegue la separación del puesto de trabajo, trataré de estar a caballo —si la pensión de funcionaria me lo permite— entre Londres, Madrid y mi pueblo, —en Cáceres—. Y, por supuesto, haré viajes del Imserso que me atraigan, ya que otros no podré permitírmelos.

—No es mal plan. Vida cosmopolita en Londres, encuentro con los amigos en Madrid y reposo en Extremadura.

—Así es. Tengo intención de arreglar la casa de mi abuela y convertirla en casa de reposo y salud como las de antes. Dar buena comida, no faltarán los libros para disfrutar de la lectura, música para todos los gustos y, sobre todo compañía para que, aquellos que se sientan solos y no sepan qué hacer con su tiempo, se encuentren mejor que en su casa.

—¡Qué capacidad! ¿Tiene algo más en mente?

—Pues sí, me gustaría trabajar para una ONG como Amnistía Internacional, para que la gente tenga un país y siempre pueda volver a él. Que tenga un pasaporte y le respeten sus ideas y tradiciones. Al llevar tantos años en Londres a veces me pregunto: ¿qué pasaría si no pudiera volver a mi país, o me retiraran el pasaporte, o me declararan persona non grata? Como les ocurre a los pobres palestinos, por ejemplo.

»Estoy muy sensibilizada con estos temas, por lo que dedicaré parte de mi tiempo libre a luchar para que todo el mundo tenga un terruño donde pueda volver a vivir o a morir allí, si así lo quiere.

—¿Se considera activista?

—Lo soy por la creación de un Estado palestino. Voy a conferencias, manifestaciones; doy dinero todos los meses a Médicos para Palestina… Estoy en contra de toda guerra o acto terrorista y a favor de salvar el medioambiente… Pero creo que debería hacer más. Nicolás, un amigo, me viene insistiendo con que monte una gestoría cuando me retire.

—Será una broma, ¿no?

—¡Qué va, lo dice en serio! Pero eso me da un poco de pereza. Bueno, me quedan cuatro años para pensar y seguir en marcha, si Dios o el diablo me permiten no romperme la crisma y puedo llevar a cabo mis planes. ¡Ah! y pienso hacerme socia de un club de lectura porque soy muy lenta leyendo y así me obligo a leer más y más deprisa.

—¡Increíble! ¿No será que se distrae o la distraen otras cosas o personas? Porque la verdad su disposición es como la de un director de cine en una megaproducción.

—Ja, ja, ja. ¡Va a ser eso!

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