En bermudas

Antonio S., ex cajero de un banco, se propuso no tocar un euro en su primer día sin trabajo.

—Darme un paseo en bicicleta. El Ayuntamiento de Madrid las presta gratis en el parque Juan Carlos I durante una hora. Fue tan fácil como hacerme sobre la marcha un carné —allí mismo te fotografían, te dejan el casco y el chaleco— y tuve delante de mi unas cuantas hectáreas para recorrer.

—Y, ¿qué tal?

—Estupendo: aire, árboles, libertad, encontrar a otros que estaban en las mismas… Y yo en bermudas. Nada que ver con el cuchitril en el que me ganaba la vida. Ni con los clientes. Ni con los jefes.

—Otra dimensión, vamos.

—Pues la verdad… me di cuenta de que había cambiado de vida varios días después, a la  tercera mañana consecutiva de desayunar sentado, pelando mi fruta, dando todos los minutos de reposo que el té necesita… Doce trienios y varios meses sueltos tomándome un sorbo y dos galletas entre el afeitado y el diario ritual de anudarme la corbata. ¡Para no creérselo!

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